ENSAYO
Del Nestea al verdejo
La presencia es la gravedad que irradias hacia los demás. Bien entendida, habilita el cambio por el mero hecho de estar cerca de ti.
David Gutiérrez · 7 min de lectura
Nota: este ensayo es la edición (ligeramente adaptada para la web) de un correo que envié a los suscriptores de mi newsletter el 24 de mayo de 2026. Si quieres recibirla el próximo el domingo a las 19:15: puedes suscribirte aquí.
E
l viernes pasado decidimos celebrar San Isidro a nuestra manera.
Yo: madrileño hasta la médula.
Ella: no tan madrileña, en realidad.
Rosquillas. Verbenas. Mantones de Manila y ese sol de media tarde con el que tu "yo" del futuro coqueteará nostálgico al reconstruir recuerdos casi perfectos.
Y si digo lo de "casi", es porque teníamos un problema…
…a ojos de los demás éramos dos impostores sin ningún tipo de pedigrí castizo.
Yo: sin chaleco.
Ella: sin clavel.
Por suerte, dos euros en Madrid dan para mucho. Nos hicimos con una medusa plasticosa casi tan roja como los rubíes que asomaban entre su pelo azabache.
Magia: fue ponérselo de peineta y convertirse en chulapa adoptada.
Ella lo intuyó al instante. Supo también que yo lo sabía (siempre lo saben, aunque no digas nada): la belleza tiene algo casi tan sorpresivo como un gancho directo al hígado.
El ocaso de esa luz tan peculiar nos pilló ya sentados en una terraza de Malasaña.
(Tuvo que ser al mismo tiempo en el que terminaba el paripé de fingir que éramos niños buenos durante esos minutos iniciales de las primeras citas).
Fue entonces, tras verla pinchar una de las bravas con "espuma de mahonesa", cuando me confesó esto:
—Si no estuviera cómoda y si no estuviera tan a gusto contigo, me habría pedido un Nestea y no un par de copas de verdejo.
Frase que me hizo pensar en muchas cosas.
Entre las que puedo contarte, viene bien para revalidar aquella teoría de que hay algo en la presencia de los demás que nos atrapa e intriga a partes iguales.
Algo que nunca dejará de fascinarme…
…porque hay personas con las que te permites desplegar la plenitud de tu ser, y otras con las que tan solo puedes pensar si podrías ser el primer caso de eutanasia súbita y autoinducida para poder huir de ahí.
¿Que por qué sucede esto?
No lo sé.
Pero si tuviera que apostar, me jugaría la carta de siempre: la presencia.
En el Zen, es contigo mismo: atención plena al momento. En los negocios, la presencia es la gravedad que irradias hacia los demás. Bien entendida, es la que habilita el cambio por el mero hecho de estar cerca de ti.
Puedo decir que tengo la suerte de haber conocido a varias personas así. Muchas me han regalado el descubrimiento de alguien que yo ya llevaba dentro, pero no era.
El tema es que no con todas tengo citas, claro.
Pero si hablamos de negocios, este es el motivo por el que he pagado miles de euros a profesores, mentores y profesionales a lo largo de mi carrera.
Tienen ese "algo". Esa presencia que te hace comprarles; una certeza en su forma de mirar que es capaz de ordenar el caos de mi propia cabeza por ósmosis.
Cosa que NO me sucede casi nunca con el 99% de los coaches y consultores de Españita. No sé si es su culpa o si es el copy-paste anglosajón del grito en el Reel con gancho predecible lo que no termina de convencerme.
Lo que me lleva a la parte práctica.
Si vendes algo que cambia la vida de la gente, la pregunta no es cómo hacer más ruido. Es cómo conseguir que las personas que están en tu órbita pasen del Nestea al verdejo.
Tres patas:
1. Amplificar tu Presencia (La gravedad)
Nadie va a una primera cita con un PowerPoint debajo del brazo. Pues eso.
Amplifica tu mejor contenido e invierte en distribución para ponerlo delante de quien te importa sin pedir nada a cambio. Lo tangible son los seguidores nuevos; lo valioso de verdad es una audiencia invisible de personas que te han prestado su atención sin que tú lo sepas.
Con un ajuste muy sencillo en Meta, TikTok o YouTube, esa audiencia se convierte en rescatable: puedes volver a encontrarla cuando quieras por una fracción de lo que costó impactarla la primera vez.
El momento en que conviertes tu contenido en un pitch sistemático, el Nestea vuelve a la mesa.
2. Hacer que Levanten la Mano (La selección)
Ella me dijo que estaba cómoda sin que yo se lo preguntase. No necesité un formulario de satisfacción ni un "del uno al diez, ¿cómo valorarías esta cita?".
En tu negocio, esto es un formulario donde el lead se cualifica solo. Nombre, contacto y un par de preguntas que filtran. La persona que lo rellena está diciéndote, sin palabras: estoy lo bastante cómoda como para darte mis datos.
¿Un truco? Pon un vídeo en la página de gracias. Uno que profundice la relación antes de que hables con nadie. Quien llega a la conversación habiéndolo visto ya no empieza de cero; confirma lo que ya intuía.
Lo peor que puedes hacer en este punto es sacar el contrato en medio de las bravas.
3. Sostener la Relación (El ecosistema)
San Isidro se acaba y llega el lunes.
La cita fue bien, pero al pisar fuera de la terraza cambió el tablero de juego. Ya no valen los mensajes desesperados a las dos horas. Suele tener más sentido la presencia continuada que hace que el siguiente encuentro se sienta como una consecuencia natural.
En tu negocio: testimonios, transformaciones, contenido educativo…
…todo puesto delante de quienes tocaron tu formulario pero no dieron el paso. Una comunidad donde sigues aportando sin gritar. El mensaje semanal que mantiene tu presencia sin pedir nada.
La mayoría abandona al primer silencio. El sistema no. Sigue ahí, a bajo coste, para los que necesitan más tiempo. Algunos tardan semanas. Otros meses. Algunos vuelven un año después y te dicen: "¿sabes que llevo un tiempo viéndote?".
Y aquí es donde necesitas hacer las paces con algo: la buena publicidad exige una esquizofrenia controlada.
Ser el poeta bohemio capaz de ver la belleza en una peineta de plástico un viernes en San Isidro…
…y el estratega frío capaz de mirar un dashboard de miles de euros el lunes por la mañana.
Las tres patas son en realidad una sola cosa: presencia a diferentes profundidades. El poeta atrae. El estratega sostiene. Y la relación se construye en el espacio que queda entre los dos.
Si has leído hasta aquí, ya sabes cómo se siente estar dentro de un ecosistema así.
Porque este ensayo que estás leyendo… es parte del mío.
Con amor y verdejo,
David
P.D. Cuando esta carta salió por correo, era muy probable que yo estuviera de resaca después de la boda de un amigo en Alicante… ciudad a la que llegué tras una semana un poco esquizofrénica: Madrid, Sevilla (a ver a Jodorowsky a las 9 de la noche, y a las 2 AM en una scooter de Cooltra por la Giralda), vuelta a Madrid, bajada a Cartagena a montar la estrategia de verano de otro cliente y entre medias: cerrar la propuesta con un entrenador personal para montar su captación evergreen, resolver un problema urgente con la campaña de otro, comprar el traje, ensanchar los zapatos y escribir el discurso de la boda. Poeta y estratega. Ya te lo dije.
P.P.D. Las otras dos patas las voy contando en la newsletter, semana a semana. La "cocina" de cómo se implementan, ajustan y escalan es lo que hago codo con codo con los negocios que ya trabajan conmigo. Se llega ahí después de haber montado la primera juntos (rara vez antes).
NEWSLETTER SEMANAL
Esto era un correo antes que un ensayo.
Lo que acabas de leer es una edición de la newsletter que envío cada domingo a las 19:15 sobre publicidad, negocio y la filosofía que sostiene a los dos. Unas pocas acaban aquí, editadas como ensayos. La inmensa mayoría no sale nunca de las bandejas de entrada.
Está escrita para gente que vende su conocimiento o sus servicios. Hay lectores que acaban de arrancar su negocio y hay quienes facturan 20.000€, 50.000€ o más de 100.000€ al mes. Y aquí viene lo raro: a casi todos ellos los conozco en persona, me he tomado una cerveza con ellos o he trabajado mano a mano en las tripas de sus empresas.
Sé que a medida que esta lista crezca, esto será insostenible. Pero de momento, ese es el aire que se respira dentro.
Como me dijo una querida lectora hace poco:
—David, esto es café para MUY cafeteros.
Eso sí, si decides entrar, no recibes la edición de esta semana. Primero te enviaré una secuencia de siete correos llamada «El periplo asiático». Allí cuento, en orden y con números, lo que aprendí invirtiendo más de un millón de euros en publicidad. Eso y cómo escapé del tifón Wipha en Vietnam, qué me pasó en Hiroshima o lo que se aprende bebiéndote una Bintang aguachirri en un hostal de mala muerte de Bali.
Es la puerta de entrada. Todos los que están dentro pasaron por ella.
Después, una carta cada domingo. Es curioso cómo algunos lectores acaban trabajando conmigo. La mayoría no. Yo lo llamo el eje Z (sabrás más dentro).
Suscríbete aquí, es gratis
La puerta de salida siempre está abierta si no encajamos.