ENSAYO

Ducharse con la mochila puesta

Lo que funciona es aburrido — precisamente porque funciona.

David Gutiérrez · 9 min de lectura

Nota: este ensayo es la edición (ligeramente adaptada para la web) de un correo que envié a los suscriptores de mi newsletter el 31 de mayo de 2026. Si quieres recibirla el próximo el domingo a las 19:15: puedes suscribirte aquí.

E

l despertador sonó a las 6:17.

No, espera. Creo que fui yo.

Sí, fui yo.

Lo último que recuerdo es que llegaba tardísimo a dar mi clase de Social Ads en la universidad. No sé por qué, pero necesitaba 60€ en efectivo. Y rápido. Tenían que ser del cajero de mi barrio y la combinación debía ser exacta: un billete de 50€ y uno de 10€.

La movida es que la clase empezaba a las 9:35 y no llegaba ni de coña.

Va, David… piensa, piensa, piensa.

Lo tengo: iré más rápido si me meto en la ducha ya vestido. Sí. Mejor entrar incluso con la mochila (y el portátil dentro) para ahorrar tiempo.

Ahora lo veo: ese era el plan maestro. Ya casi sentía el agua fría en la cabeza cuando una presencia metálica me hizo tropezar.

—Sooon l-a-s s-e-i-s y d-i-e-c-i-s-i-e-t-e aa-eeee-m-e.

¿Cómo?

Ah, vale. Ahora lo recuerdo. Antes del babeo onírico había preguntado eso de "Oye Siri, ¿qué hora es?".

Morfeo acababa de regalarme una extraña moraleja: lo de meterse en la ducha con la mochila puesta es un poco como el que intenta preñar a nueve mujeres para tener a su hijo en un mes.

(Esto existe en management, se llama "Ley de Brooks" y dice que cuando añades más personas a un proyecto que ya va tarde, el proyecto se ralentiza aún más).

Otra incógnita que debo resolverte: el motivo de que me levantase tan temprano (para mí las 8 AM ya es "TAN" temprano) era uno, y solo uno.

En escasas dos horas llegaba mi amigo Guille a Chamartín y ahí iba a estar yo esperándole a lomos de mi Interceptor 650.

En el interludio: café (del que sobró el día anterior). Cosa que para mí es lo mismo que lanzar una moneda al aire: o sale bien y te concentras como si fuese Concerta, o adquieres los tics de un cocainómano y se te tropiezan las palabras en pensamientos kamikazes que acaban con un "disculpa, lo ansiógeno del café no me permite disfrutar de lo dopaminérgico de tu sonrisa".

Hagamos cuentas: eso me dejaba una hora y dos minutos antes de salir de casa para contarte un concepto simple que me persigue desde hace casi dos años…

Es de esos que, una vez los ves, no puedes des-ver.

Lo aprendí en uno de los tres libros que me envió Nic Peterson en el verano de 2024 (entiéndeme, no es que le diera la neura de enviármelos por la cara, fui yo quien le pagó gustoso los $143 y otros tantos de tasas de importación de FedEx por ellos).

Allí encontré EL concepto. El mismo que Nic sacó, a su vez, de Garret Hardin y su libro Filters Against Folly. Viene a decir lo siguiente:

"La fiabilidad de un sistema es el producto de la fiabilidad de los componentes que lo forman".

Parece una perogrullada, pero sugiere que podemos reflejar la fiabilidad de cada pieza como un porcentaje. Porque, quitando a la muerte y a los impuestos, pocas cosas humanas funcionan el 100% de las veces.

Ejemplo:

Si tienes una bombilla que funciona con garantías el 90% del tiempo y le pagas a Iberdrola para que te dé luz el 90% de los meses… no tienes un sistema que funcione 9 de cada 10 veces…

…tienes un sistema que funciona el 81% de las veces (90% x 90%).

Quédate con esto un segundo porque la cafeína ha convertido mi cabeza en un intercambiador de autobuses con ideas que piden paso (y un cigarrillo).

Flashback.

Volvamos cuatro días atrás. Estoy tirado en el sofá haciendo la digestión de un tupper de Wetaca y enchufándome una onza de chocolate "Flor de Sal" de Lindt (insuperable esto, por cierto; gracias padre).

En la tele hay una entrevista al "productor" musical Rick Rubin. Le preguntan qué hay detrás de esa filosofía suya de que "menos es más; pero que para conseguir menos, tienes que hacer más".

Dice esto:

Si apilas un montón de cosas unas sobre otras, cada una de esas cosas se vuelve menos importante. Así que si tienes 10 cosas, cada una es una décima parte de importante que una sola por sí misma.

(Hmmmmmmm, qué bueno está este chocolate siiiiiiiiii)...

Se hacen muchas grabaciones donde un guitarrista toca y luego lo doblan y lo triplican y crean una especie de muro de guitarras. Y cuando hay un muro de guitarras, escuchas "guitarra", pero no escuchas a alguien tocando la guitarra. Simplemente escuchas "guitarra". Se vuelve más genérico. Cuando una sola persona toca y puedes escuchar sus dedos en las cuerdas, tiene más personalidad. Es más humano. Y yo tiendo a buscar esas cosas donde asoma la esencia singular.

Entre el chocolate y esto último, debo estar cerca del clímax. El remate llega cuando escucho que, para el primer álbum de LL Cool J, Rubin decidió poner en los créditos del disco: "REDUCED BY RICK RUBIN" en vez del clásico "PRODUCED BY".

Menudo HIJOPUTA. Qué cabrón. Qué genialidad.

Nos quitamos el sombrero y volvemos al intercambiador de autobuses mental. Esta vez hacia mis propios orígenes y mi trabajo con clientes.

Yo también sufrí la trampa de crear un muro de guitarras para que pareciera que mi servicio era mejor.

No había malicia. Era que estaba verde todavía.

Caí en la trampa del servicio performativo. Hacer cosas por el mero hecho de que el cliente vea que "estoy haciendo cosas".

A una revelación de andar por casa como esta llegó Guille también hace un par de días. En un story de Instagram explicaba por qué un entrenador online que te cambia la rutina cada dos semanas no te está dando un buen servicio. Simplemente lo hace para "parecer" que hace mucho, cuando el progreso real exige constancia ABURRIDA en los mismos ejercicios.

Muro de guitarras vs. Escuchar los dedos en las cuerdas.

Intentemos hilarlo todo. Vamos a echar un ojo a la dinámica de sistemas, el servicio performativo y la fiabilidad.

Mira un embudo de ventas promedio hoy en día:

· Tienes un anuncio que llega a tu audiencia el 95% de las veces.

· Una landing page que carga y captura el email del 95% de la gente (algunos cierran antes).

· Un primer correo que llega a la bandeja principal el 75% de las veces.

· Una secuencia donde el 80% lo abre.

· Un 60% hace clic en el enlace.

· La herramienta de reservas (Calendly) funciona el 95% de las veces.

· El cliente se presenta a la videollamada el 70% de las veces.

· Tu closer tiene un buen día y lanza la propuesta el 80% de las veces.

· Firman el 50% de las veces.

· La pasarela de pago no falla y cobra el 95% de las veces.

· El vídeo de onboarding carga el 95% de las veces.

Voy a hacerte yo las mates para que no tengas que comerte la cabeza…

De la misma forma que con la bombilla e Iberdrola (90% x 90%) teníamos un sistema que funcionaba el 81% de las veces…

…ese mismo embudo de arriba tiene un 6% de fiabilidad.

Y la respuesta natural de todos nosotros, normalmente, suele ser decir: "Vale, necesito más anuncios", "necesito añadir un pop-up intermedio" o "voy a meter un SMS recordatorio en la secuencia".

Algo que es un poco como lo de meterte en la mochila con la ducha puesta.

(O en la ducha con la mochila puesta, da igual. Aquí somos dislexic-friendly).

Y a veces el único camino para que el sistema no colapse es reducir.

Quitar intermediarios. Eliminar fricción.

Y como (creo) que te conozco bastante bien, sé lo que piensas:

—Vale, sí. El minimalismo está cojonudo pero soy más del MAXIMALISMO en mi cartera.

Ya… si en el fondo, yo también.

Por eso mismo no te digo que quites componentes por quitar. Creo que fue el sábado cuando Guille echó mano de la edición inglesa de Antifrágil que tengo en el salón de casa (libro que me encontré en una librería de segunda mano con 17 años y que me cambió la vida, entre otras cosas, haciendo que decidiera estudiar marketing en vez de una ingeniería –ya te hablaré de esto).

Los elementos a reducir deberían ser los que no están en los extremos de la estrategia de la barra de pesas o "haltera" que dice Taleb.

Hay cosas que tienen un upside tremendo y otras que, sin ese upside, son fiables por naturaleza y sostienen tu negocio.

Cárgate lo del medio.

No te va a hacer progresar menos.

Va a reducir tu ambición performativa y dejar paso a la ambición REAL (en línea con eso de lo que harías de verdad si nadie más lo viese jamás).

Y eso te deja centrarte en aquello en lo que de verdad puedes volverte excelente en tu servicio. Alcanzar la maestría y ganar en profundidad.

Aunque sea aburrido (precisamente porque lo es). La dopamina está en lo inesperado. En los errores de cálculo y en el engaño de nuestras expectativas.

Por eso el cómico de stand-up es estimulante… porque no sabes qué es lo siguiente que va a decir.

Si quieres estímulo de tu negocio… empieza y termina cosas todo el rato. Genera fuegos que apagar por el mero hecho de hacerlo.

Pero si quieres un negocio que opere sobre componentes fiables, te vas a aburrir.

Porque lo que funciona es aburrido… precisamente porque funciona.

Podemos llamarlo el triunfo del servicio invisible. Ese que no necesita hacer ruido constante para cambiarte la vida.

Con amor,

Reduced by David Gutiérrez

P.D. Le metí el último repaso a esta pieza un domingo por la mañana después de desayunarnos unas porras y unos churros mientras Guille hacía un par de planificaciones para clientes nuevos de su asesoría fitness (servicio que, si te interesa, ¿a qué esperas para hablarle? Dile que vas de mi parte porque yo mismo soy cliente y ya va un año de GAINS). Le puedes seguir en Instagram en @guillermoatg. Solo te digo que es la primera persona a la que, cuando vi entrenar, dije: "este tío es un profesional". Antes de eso no creía que se pudiese ser un profesional "entrenando". Pero sí, hay niveles de maestría que te estallan la cabeza (aunque yo mismo haya "entrenado" desde los 15-16 años). Si alguna vez has tenido el privilegio de entrenar con él, sabes de lo que hablo.

P.P.D. Los libros que le compré a Nic en 2024 ya no se pueden conseguir. Pero hay uno suyo sobre este tema de la dinámica de sistemas que sí puedes comprar y que deberías leer. Se llama Why it keeps breaking y cuesta 4,78€ en Amazon.

P.P.P.D. Aunque te haya hecho un auténtico Memento entre tanto flashback y salto temporal, he de confesarte que ni de coña dejé esto escrito en esa hora y dos minutos antes de ir a por Guille a Chamartín. Si fuese así, sería ChatGPT. Si fuese ChatGPT, no me leerías. Lo que dejé escrito fue el esqueleto, un par de ideas y frases tan malas que duele releer luego.

P.P.P.P.D. Me estoy descojonando con la ironía de cascarme varias P.D.s mientras te comparto un manifiesto sobre reducir, simplificar y quitar componentes innecesarios… en un ensayo de alrededor de 2.000 palabras. A lo mejor la reducción en los sistemas funciona porque no tienen demasiado alma… la nuestra, la de las personas… a veces es tan barroca como maximalista. Eso o debería cortarme con el café.

NEWSLETTER SEMANAL

Esto era un correo antes que un ensayo.

Lo que acabas de leer es una edición de la newsletter que envío cada domingo a las 19:15 sobre publicidad, negocio y la filosofía que sostiene a los dos. Unas pocas acaban aquí, editadas como ensayos. La inmensa mayoría no sale nunca de las bandejas de entrada.

Está escrita para gente que vende su conocimiento o sus servicios. Hay lectores que acaban de arrancar su negocio y hay quienes facturan 20.000€, 50.000€ o más de 100.000€ al mes. Y aquí viene lo raro: a casi todos ellos los conozco en persona, me he tomado una cerveza con ellos o he trabajado mano a mano en las tripas de sus empresas.

Sé que a medida que esta lista crezca, esto será insostenible. Pero de momento, ese es el aire que se respira dentro.

Como me dijo una querida lectora hace poco:

—David, esto es café para MUY cafeteros.

Eso sí, si decides entrar, no recibes la edición de esta semana. Primero te enviaré una secuencia de siete correos llamada «El periplo asiático». Allí cuento, en orden y con números, lo que aprendí invirtiendo más de un millón de euros en publicidad. Eso y cómo escapé del tifón Wipha en Vietnam, qué me pasó en Hiroshima o lo que se aprende bebiéndote una Bintang aguachirri en un hostal de mala muerte de Bali.

Es la puerta de entrada. Todos los que están dentro pasaron por ella.

Después, una carta cada domingo. Es curioso cómo algunos lectores acaban trabajando conmigo. La mayoría no. Yo lo llamo el eje Z (sabrás más dentro).

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La puerta de salida siempre está abierta si no encajamos.

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